Ricardo Arenas Azcárate es el autor del libro «Hombres durmiendo en la sala», una poesía que cuestiona el machismo, le pone nombre el duelo, la ausencia, y reconstruye la vulnerabilidad masculina.
Ricardo Arenas es licenciado en pedagogía, tiene estudios de literatura latinoamericana y creación literaria en la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma de la ciudad de México respectivamente. Estudió música en la Casa de la Música Mexicana así como clases particulares para su formación como músico.
En el año 2019 ganó el Premio Nacional de Poesía Rodulfo Figueroa por su libro «En el armario no hay lugar para dos monstruos» (Editorial De Otro Tipo 2021), en el año 2023 lanzó de manera independiente su álbum debut «Todos los días que tiene ayer«. Se gana la vida dando clases de poesía y música, tocando jazz cada semana en distintos recintos de la ciudad y área metropolitana.
Hoy, nos presenta el libro: «Hombres durmiendo en la sala», un título de poesía que habla sobre el duelo, la pérdida de un ser querido y al mismo tiempo cuestiona por qué los hombres no pueden vulnerarse y por qué actúan bajo determinadas maneras. Si la muerte duele, a los hombres no los dejan ni llorar. Descubre leyendo todo lo que nos contó de esta fascinante publicación literaria.
La inspiración para crear el libro: «Hombres durmiendo en la sala».
«Para escribir este libro se tuvo que morir mi abuelo, para que pudiera hablar sobre el duelo y la pérdida. La inspiración llega desde las propias vivencias, quería hablar un poco sobre cómo vivimos los procesos de la pérdida, cómo los hombres lo vivimos, lo padecemos, y más allá del dolor, o sea toda pérdida duele por supuesto, quise hablar un poco sobre qué implica perder a alguien. Más allá del dolor, qué implica, qué nos representa, y cómo vivimos esos procesos. Tengo un par de poemas en donde habló, no precisamente de la pérdida, esos poemas no hablan del dolor sino de que estamos en el bar, pasándola chido, y de pronto, no nos gusta llegar a casa los fines de semana por querer pasarla bien. También un poco, por querer escapar de esos procesos que son difíciles».
Lo que va a encontrar la gente en el libro: «Hombres durmiendo en la sala».
«Las emociones nos ocurren a todos, eso es indudablemente una condición humana. Tenemos que pasar por todas las emociones, sin embargo, este prejuicio que siempre ha habido con nosotros, de que los hombres no lloran, tenemos que chambear, ser proveedores y todas estas cosas que en realidad son convenciones que hay que cuestionar desde un lugar más honesto, con nosotros mismos, ya no sólo por ser hombres sino por ser seres humanos. También muchas de estas cosas no nos dejan amar de maneras asertivas, más sanas, porque precisamente alguien que se reprime, no va a saber amarte como tú lo necesitas porque alguien que se reprime va a querer que tú también te reprimas. Entonces, la liberación empieza con ponerle nombre a las emociones y creo que en este libro se tocan esos temas, te puedes encontrar probablemente con una manera de articular tus propias emociones que no necesariamente tiene que ser dolor. Eso podrían encontrar en el libro».
Cómo se ponen a prueba las emociones y cómo lo plasmas en el libro: «Hombres durmiendo en la sala».
«Se aprende a vivir con los traumas y las emociones son como nubes, ocurren, te iluminan y se van. Uno decide sobre qué emoción pronunciarse, eso es decisión propia, a veces es consciente y a veces no. Con el psicoanálisis, todo deseo nace de una falta, y entonces, habría que aprender a convivir con los propios deseos que vienen de faltas muy profundas, convivir con ello, el primer paso es ponerle nombre, es decir, conocerlo y saber de dónde viene, lo veo un poco como los traumas, las ausencias, todas estas cosas que nos mantienen bien nublados. No sé si vieron la película «El Conjuro», van a decir, esto qué tiene que ver, la persona está poseída por un demonio, y para que se liberara, hay que saber el nombre del demonio, entonces, para que la persona se libere de ese demonio hay que llamarlo por su nombre, fulanito largo de aquí, y bla, bla, bla. Es un poco lo mismo con los traumas, con todas estas cosas que nos mantienen infelices, que no nos dejan disfrutar las cosas sencillas de esta vida, que tiene muchas cosas feas pero también cosas bellísimas, hay que ponerles nombre y conociendo la naturaleza exacta, las podemos expulsar o en su defecto domar».
El título del libro: «Hombres durmiendo en la sala».
«En el libro hay otros subtítulos que me gustan mucho. Fue chistoso, en el libro anterior, ya tenía el libro listo, pero no tenía el nombre, y con este libro me pasó al revés, tenía el nombre antes de terminar el libro, es decir, ya tenía unos poemas, algunos reunidos y tentativamente organizados, y dije, órale esta temática pudiera ser la que voy a seguir. Esto me ayudó bastante para terminar de hacer un libro más empalmado, homogéneo y sólido. El título me gustó, se me fue ocurriendo porque me parece que es bastante sugerente el hecho de que un hombre se vaya a dormir a la sala, desde ahí hay una situación demasiado puntual, hay mucho que decir al respecto, desde la persona que manda a dormir al hombre como el mismo hombre, tienen siempre cosas muy importantes que valen la pena escuchar. Esas cosas que tienen que decir estas personas y quise mencionar estas situaciones y al mismo tiempo rozar, tocar todo lo sugerente a eso. A través de un poema, comento en el libro que todas las personas que duermen en las salas de una casa tiene algo de extranjeros, ya sea que sea un extranjero literal o un extranjero simbólico, metafórico, donde se habla un idioma distinto, quién duerme en la recámara y quién no. El nombre lo escogí porque llama la atención y es sugerente».
Elementos y lo se visualizan en la portada de «Hombres durmiendo en la sala».
«La portada fue trabajada por todos, había dos opciones más, no me sentía del todo satisfecho, afortunadamente, el editor Iván Cruz Osorio, de Editorial Dogma, tiene un colmillo muy bueno y supo entender lo que quería comunicar. La portada es sugerente, tiene una narrativa, te está contando una historia, hay una jaula, un cuervito, terminas de leer el libro y todos los poemas y en el último poema está la misma jaula pero ya con un cuervito liberado, esos detalles me gustaron mucho, y eso no fue idea mía fue sino del editor y la diseñadora. Le dan un levantón tremendo al libro, está la jaula abierta y el cuervito está liberado pero está viendo a la ventana y en el espejito hay una persona adentro, que pudiera ser un fantasma».

Lo que más disfrutaste redactar del libro: «Hombres durmiendo en la sala», y lo que más trabajo te costó.
«Lo que más disfruté fueron los poemas, que no tienen nada que ver con la pérdida del abuelo, sentí mucha libertad al hablar de estos temas que son importantes, por ejemplo, por qué no me gusta llegar a casa los viernes por la noche, porque me voy a echar relajo, a cotorrear. Y entonces, la fiesta, esto es importante, hay que hablar de estas cosas, no todo es dolor y tristeza, hay que hablar de estas cosas, cuestionar, la tranquilidad va más allá de los factores externos que pudieran pasarte. Por otro lado, lo que me costó trabajo fue la portada, ponerme de acuerdo con el editor, mover algunos detallitos. Afortunadamente mantuve una actitud padrísima».
¿Qué te han dicho los lectores de este libro: «Hombres durmiendo en la sala»?
«En la primera presentación se acercó una muchacha que no conocía, me dijo: Oye me gustó mucho el libro, ahorita estoy pasando por algo así. Lo maravilloso de un libro de poesía es cuando el lector lo lee para sí mismo y no está leyendo lo que tú escribiste sino su historia de vida, y eso me comentó esta muchacha, que le hice recordar muchas cosas de su infancia, cosas bonitas, y el libro no iba tanto hacia allá, y le pegó mucho a la chava, estaba muy conmovida, también me conmovió mucho lo que me dijo por qué entonces mi chamba había estado lograda y con eso ya me doy por bien servido».
Qué autores te gusta leer.
«Me gusta mucho Pablo Neruda, Enriqueta Ochoa es una gran poeta mexicana que hay que leer, pero toda su obra completa que está en el fondo de cultura económica, ella fue amiga de Rosario Castellanos, incluso contemporánea, adoro su poesía. Joaquín Sabina, él hace música pero también se lee con los oídos, porque al final, leer y escuchar es lo mismo. También me gusta mucho la poeta colombiana Piedad Bonnett, tengo muchos referentes».
Próxima presentación.
«Escuchen mi música en Spotify, YouTube, Apple, Deezer, en todos lados estoy como: Ricardo Arenas, eso es jazz, son rolas originales. Hoy, viernes 7 de agosto, vamos a estar en el café: Fiel a la tierra, en la Colonia Roma, en la calle de Mérida 370 a las 7:00 de la noche, ahí vamos a estar hablando del libro. Esta vez no va a haber música en vivo, sólo nos vamos a dedicar a hablar del libro, las letras, y va a estar bien bonito, no se lo pierdan».
Último comentario.
«Hombres durmiendo en la sala es un libro de amor, pero no del amor romántico que conocemos sino que es un libro de amor hacia la familia, uno mismo y lo que nos rodea. Ojalá nos diéramos, un poco, el chance de leer otras cosas. No todo en la vida del el scrolling en el celular, valdría la pena,que si bien no leerme a mí, si leer otras cosas o empezar a leer un poquito, es bastante chido y eso haría esta sociedad un poquito mejor, seres humanos más sensibles, y eso es lo que más necesitamos, lo que menos necesitamos en este mundo es la apatía, la indiferencia y la soberbia».
Síguelo en redes sociales como: @ricardoarenas03.
